martes, 30 de abril de 2013

Dos amigos muy conocidos. Ciudad de México 1956.


Sabes quienes son?

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Al ser derrocado el gobierno de Jacobo Arbenz, Ernesto emigró a México, donde se reencuentra con Ñico y éste le presenta a un camarada del quien le han hablado antes, Raúl Castro, recién llegado de La Habana. Entre Raúl y Ernesto el entendimiento es inmediato. Raúl tiene las ideas muy claras sobre la necesidad de una revolución armada, sobre el imperialismo estadounidense, sobre la inutilidad de las elecciones trucadas. Ernesto está encantado; están de acuerdo en todo. Los dos muchachos se hacen pronto inseparables. Se ven casi todos los días. Raúl cuenta la historia del asalto al cuartel Moncada. Le habla de su hermano Fidel, que pronto se verá obligado a exiliarse pues su vida corre peligro en Cuba.
Fidel llega a México el 8 de julio de 1955. Y lo hace sin solicitar asilo político en la embajada de México, sino con un visado de turista y se instala en un hotelito barato. Organiza enseguida su cuartel general en casa de María Antonia González, una cubana que es la providencia de todos los refugiados políticos de Cuba y cuyo hermano murió torturado por los esbirros de Batista. En su casa, Raúl presenta su hermano al amigo argentino.
Entre Fidel y el Che el flechazo es total y reciproco. Su primera cara a cara dura diez horas seguidas.
En esa fría noche mexicana, el encuentro con Fidel marcaría el destino del joven médico argentino. Al concluir la reunión, la madrugada los encontró intercambiando análisis y opiniones, Ernesto Guevara ya formaba parte de la expedición revolucionaria que desembarcaría en Cuba para derribar a la tiranía de Fulgencio Batista.
Fidel queda seducido por aquel muchacho inteligente con aire de estudiante que se muestra tal cual es, transparente en su deseo de revolución. De aquellos momentos Fidel reconocerá:

"El Che era de aquellos por quienes todo el mundo sentía inmediatamente afecto, a causa de su sencillez, de su carácter, de su naturalidad, de su espíritu de camaradería, de su personalidad, de su originalidad.(...) No necesitamos mucho tiempo para ponernos de acuerdo y aceptarle en nuestra expedición".